En nuestro estado de ceniza podemos mirarnos honestamente a nosotros mismos


El Arzobispo Gregory Aymond, celebró la Misa del Miércoles de Ceniza en la catedral de San Luis, marcando el comienzo de la temporada de Cuaresma. He aquí su homilía del Miércoles de Ceniza.
 
Nuestras celebraciones del carnaval de Mardi Gras han terminado, y ahora hemos llegado al principio de este camino cuaresmal.
 
Hay muchas opiniones diversas acerca de si o no las pruebas del polígrafo son exactas. Uno de los principios de la prueba del polígrafo – o el detector de mentiras – es que cuando no decimos la verdad, cuando nos sentimos incómodos o ansiosos, hay un cambio en el ritmo cardiaco, la presión sanguínea, y la respiración. Estas máquinas detectan eso.
Hoy en día, no están llamados a tomar una prueba del detector de mentiras, pero a medida que empezamos este camino de la Cuaresma, estamos llamados a ser muy honestos con nosotros mismos, incluso, si eso fuera una causa para hacernos sentir algo incómodo. Hacemos esto en la oración.
 
Vamos a tener una conversación con Dios y con nadie más. Vamos ante el Señor a admitir nuestra debilidad y el pecado y nuestra necesidad de cambiar. Me atrevo a decir que para todos y cada uno de nosotros, hay malestar y ansiedad en eso.
 
Tratamos de escuchar cada vez con mayor claridad lo que Dios dijo en su mensaje en la primera lectura del Libro del profeta Joel: “Regresen a mí con todo su corazón.” Usted y yo, hoy nos vemos honestamente a nosotros mismos, sea o no cómodo, y vamos ante el Señor en un espíritu de humildad, para admitir que hay un área de nuestra vida, nada más que en nuestra relación con Dios o con otros, que realmente tiene que cambiar.
 
Sugiero, que elegimos una parte en particular de nuestras vidas. Puedo decir, que cuando pienso en lo que hay que cambiar en mi vida, podría nombrar seis o siete cosas. Yo sugeriría que para el camino cuaresmal, elegimos sólo una, ¡porque sólo tenemos seis semanas! Queremos mirar el área de nuestra vida que nos trae la oscuridad, y quizás a otros, y pedirle al Señor que nos ayude a sometemos a un cambio de corazón.
 
Una vez, que usted y yo, hayamos identificado qué es lo que creemos que Dios nos está llamando a cambiar, entonces, y sólo entonces, podemos elegir una penitencia que nos ayudaría a experimentar conversión o el cambio de corazón.
 
Para algunas personas, su penitencia seria, renunciar a algo – tal vez un determinado alimento o bebida, tal vez renunciar a hablar de otros o juzgar a los demás. Para otras personas, estos próximos 40 días pudieran ser una oportunidad para hacer algo extra. Pasar más tiempo en la oración personal, el rezo del Vía Crucis, pasar tiempo en la capilla de adoración, o asistir a la Misa diaria, a lo que sea que hayamos elegimos como penitencia, esa penitencia debe estar directamente relacionada con la acción o actitud en nuestra vida que creemos que Dios nos está llamando a cambiar.
 
Recuerdo que cuando era un niño, era una costumbre en nuestra casa de renunciar a los dulces, y eso era algo noble de hacer. Sin embargo, mirando hacia atrás, no estoy seguro de que eso tuviera algo que ver con la elección de un área de la vida que necesita ser cambiada. Una vez que veamos lo que Dios nos pide a que nos arrepintamos, a continuación, elegimos una penitencia que nos ayudará a hacerlo.
 
En la elección de nuestra penitencia, no queremos decir después de los 40 días de Cuaresma: “Oh, bueno, lo hice durante 40 días.” Ese no es el propósito. A medida que avanzamos a través de este camino de la Cuaresma, y nos acercamos a la Pascua, queremos poder responder afirmativamente a la pregunta, “¿He cambiado, incluso si es sólo un poco? ¿He cambiado?”
 
Hoy, vamos a recibir la ceniza en nuestra frente, cenizas que provienen de las palmas que utilizamos el último domingo de Ramos. ¿Qué significa esas cenizas, para usted y para mí? Las cenizas le dicen a los demás, así como a nosotros mismos, que sé que soy amado por Dios, y yo creo en un Dios de misericordia, sobre todo en este Año de Jubileo de Misericordia.
 
Mientras caminamos a través de la puerta de la gracia en la entrada de esta catedral – y nos acercamos al Dios de misericordia en el altar – esas cenizas, no sólo dicen que creemos en un Dios de Misericordia, sino también, que verdadera y sinceramente, queremos cambiar algo en nuestras vidas, y que se admite públicamente que somos pecadores.
 
Cada vez que celebramos el Miércoles de Ceniza, tengo una sensación única de humildad. Al compartir las cenizas con usted y al ponerlas en su frente, diré: “Arrepentíos, y creed en el Evangelio.” Sin embargo, me siento muy honrado, porque yo también soy un pecador, y que necesito arrepentirme, y creer más firmemente en el Evangelio. De manera que buscamos juntos la misericordia de Dios.
 
No necesitamos un detector de mentiras en la actualidad. Puede ser incómodo cuando decimos la verdad a nosotros mismos y a Dios, cuando admitimos un pecado o debilidad, o algo que tiene que cambiar. Pero después de que identificamos el pecado o debilidad, podemos ir ante este Dios de misericordia y entregárselos a él.
 
No hay nada – nada – que sea demasiado grande para que Dios no perdone. Nada. Podemos decir, “Oh, Dios, no me puede perdonar.” Pero Dios dice: “Yo te perdono, porque soy misericordioso.” Él caminará con nosotros durante estos 40 días.
 
Preguntas para Arzobispo Aymond pueden enviarse a: This e-mail address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. .

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