Un mes de reflexión, y ahora una mirada hacia adelante


Bienvenido de vuelta de sus vacaciones. ¿Pudo disfrutar del tiempo libre, durante el mes de julio?
Sí, mucho. Tuve la oportunidad de ir a retiros, y fue un momento muy bueno, tranquilo, y de mucha oración. Pude también, visitar algunos amigos en el noreste, así como a un amigo del obispo en la Florida. Y luego, hacia el final de julio, fui a Charlotte, Carolina del Norte, junto con otros 16 obispos para capacitación de liderazgo en la Nueva Evangelización. El ritmo de vida ha sido muy rápido en los últimos 12 meses, así que fue una bendición tomarlo más despacio. No sabía si era olor a rosas o a café, pero era importante dar tiempo a la reflexión. En retiro y de vacaciones es importante volver otra vez a lo básico. Eran preguntas tales como: ¿Quién soy yo como un discípulo? ¿Qué estoy haciendo? ¿Cómo puedo encontrar maneras para comprometerme más con lo que la iglesia está pidiéndome como obispo?

Su descanso coincide con un paréntesis de un mes en el calendario de las sesiones consultivas para el Sínodo arquidiocesano. Las sesiones restantes se llevarán a cabo este mes, y a principios del mes de septiembre. ¿Cómo va el proceso del Sínodo?
Ya hemos tenido nueve sesiones consultivas, en las que han participado casi 1.800 personas. El número total ha superado todas mis expectativas. Hablando con otros obispos, que han hecho un proceso similar, nuestros números son muy fuertes, y espero que las sesiones restantes tengan un interés similar. Hemos hecho la mayor parte de las sesiones en las parroquias, y también hemos hecho unas especiales para los diáconos, la comunidad hispana y la juventud. Cada sesión ha traído temas similares, pero cada sesión también ha planteado temas exclusivos de ese grupo.

¿Cómo fue la reunión de la juventud, el 2 de agosto?
Estaba realmente animado e inspirado por la acogida. Tuvimos una asistencia de más de 160 jóvenes, pero, una vez más, no sólo el total de los números. Lo que me inspiró fueron las peticiones que escuché de la gente joven, de que podemos hacer más como una archidiócesis, para informarles sobre las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa como hermanos y hermanas. Este es uno de mis temas favoritos de preocupación, y me emocionó escuchar que quieren saber más. También me dieron muchas sugerencias buenas sobre la pastoral juvenil, y las formas en que la iglesia puede llegar a ellos. A menudo, he dicho que la joven iglesia está vivita y coleando, y los jóvenes toman en serio su fe Católica. Sus sugerencias fueron muy útiles para determinar cómo servirles mejor.

¿Ha aprendido algo de las sesiones que se han llevado a cabo, para ayudarle con las sesiones restantes?
El proceso ha sido bueno, y seguirá siendo el mismo. Lo que yo he recogido en las sesiones es que realmente hay un hambre de Dios. Hay un afán de conocer las enseñanzas de la iglesia, y hay un reconocimiento, de que las personas tienen una voz en dirección hacia el futuro de la iglesia local en la arquidiócesis. Me ha impresionado la calidad de las respuestas, las preguntas y las sugerencias. Han sido tanto afirmativas y muy desafiante. Algunos han expresado su deseo de que cada persona presente pueda hablar, pero desafortunadamente esto no es práctico. Todas las respuestas escritas, formarán parte del informe final, y serán revisadas cuidadosamente.

¿Todo está en curso para el Sínodo?
El proceso que el Instituto de Liderazgo Católico ha provisto para nosotros, ha sido muy bueno. Paul Breaux, que vive en la arquidiócesis, es nuestro facilitador local, y ha sido excelente en asegurarse de que el proceso sea sensible, en satisfacer las necesidades de la gente.

Otro tema que realmente calienta mientras estaba de vacaciones, fue el tema de inmigración. ¿Puede hablar acerca de la declaración sobre la inmigración lanzada por la Conferencia de Obispos Católicos de Luisiana?
No hace falta decirlo, la inmigración es muy complicada. Es lamentable que el gobierno federal no haya abordado este asunto con un plan serio para la reforma inmigratoria. La enseñanza de nuestra iglesia ha permanecido constante: la gente tiene derecho a la libertad, a la dignidad y el respeto humano. Si no tienen esto en su propio país, deberían darles la oportunidad – en forma ordenada – para que puedan emigrar a otras partes del mundo, donde ellos puedan ser tratados con respeto. La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, también nos recuerda que somos una nación fundada por la inmigración, y que Jesús era un inmigrante. Nuestra iglesia, nos dice que tenemos que buscar y encontrar a Cristo en el rostro de nuestros hermanos y hermanas, especialmente por aquellos que están en problemas.

Dicho esto, también sabemos que, simplemente no podemos abrir nuestras fronteras. Y quiero ser claro: la iglesia nunca ha dicho que debemos abrir nuestras fronteras y que pasen todos. La inmigración tiene que hacerse en forma ordenada, también de una manera que sea generosa y que refleje la caridad de Cristo. Esta situación es particularmente compleja, porque hay muchos menores que vienen no acompañados a los Estados Unidos. En algunos casos, ellos están huyendo para preservar sus vidas y para escapar de la amenaza de la violencia. Para aquellos que vienen, y tienen familia aquí, hay una forma en que les podemos ayudar a conectarlos con sus familias. El desafío más grande y más complicado, es cuando algunos jóvenes llegan, y no tienen conexiones con familiares aquí.

No pretendo tener las respuestas, pero creo que requiere que la iglesia y el gobierno miren esto muy cuidadosamente y buscar la manera posible para ayudar a la gente y, al mismo tiempo, hacerlo de una manera beneficiosa. En Caridades Católicas estamos tratando por todos los medios legales en ayudar a los inmigrantes a conectarse con sus familias.

Tres sacerdotes veteranos – Msgr. Ralph Carroll, el Padre Benny Piovan y el Padre Anton Perkovic – murieron mientras estaba fuera.
Sí, hemos perdido a algunos hombres muy buenos que dieron sus vidas para servir al pueblo de Dios, especialmente en la arquidiócesis. Msgr. Carroll y el Padre Piovan seguían siendo muy activos en su jubilación. Msgr. Carroll, se desempeñaba en la arquidiócesis, y el Padre Piovan, se había retirado, para ser un misionero a tiempo completo en México. No esperábamos que Msgr. Carroll muriera tan pronto, y el Padre Piovan murió durmiendo de un ataque al corazón.

El Padre Perkovic, se había retirado hace unos 20 años, pero él había servido fielmente en la arquidiócesis por décadas, después de escapar de los comunistas de Yugoslavia, después de la II Guerra Mundial. Les echaremos de menos a todos, enormemente. También quiero dar las gracias al Padre Bill O’Donnell, quien fue un verdadero hermano en el cuidado del Padre Perkovic, en sus últimos años. Pueden compartir estos hombres, la plenitud del Reino de Dios.

Preguntas para el Arzobispo Aymond pueden enviarse a This e-mail address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. .

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