Jóvenes voluntarios muestran el corazón, las manos de Cristo

aymond    Surgió usted con la idea de tener adolescentes y jóvenes adultos locales para  que se reunieran y hacer un esfuerzo voluntario el sábado pasado para ayudar a limpiar casas y negocios dañados por el Huracán Isaac. ¿Se sorprendió por la efusión de apoyo?
    Cuando pensamos en la idea de invitar a la iIglesia de jóvenes adultos a participar en este esfuerzo de recuperación, sabía que habría una buena respuesta, pero la respuesta fue incluso más allá de mis expectativas. El sábado por la mañana, tuvimos un gran grupo que se reunió en el Northshore y otro gran grupo de un par de cientos de personas que se reunieron en St. Lawrence the Martyr en Metairie. Estaba muy emocionado de que tantos de nuestros jóvenes se ofrecieron a caminar en solidaridad con los afectados por Isaac. Estaban dispuestos a usar no sólo sus manos para ayudar con la limpieza y reconstrucción, sino también con sus corazones, para demostrar la compasión de Cristo. Pedimos a cada uno de los grupos orar con la gente antes de que comenzaran a trabajar en las casas y también al final de la jornada del día. Esta fue una oportunidad para juntar a la familia a su alrededor y ofrecer una oración de apoyo por ellos. No sólo tenemos jóvenes involucrados, pero muchos adultos también escucharon acerca del esfuerzo voluntario y preguntaron si podían venir con los jóvenes como acompañantes y también para ayudar.
    ¿Esto será un esfuerzo que seguirá funcionando?
    Sí. Un grupo de estudiantes de los grados 11 y 12 de la escuela secundaria, realmente quería estar allí el sábado pasado, pero no pudieron unirse al grupo voluntario, porque estaban tomando el examen ACT. Una vez que vemos cuáles son las necesidades de cada zona y lo que podemos hacer, programamos otro día de trabajo voluntario, probablemente en un par de semanas. Este ha sido un tremendo esfuerzo de colaboración entre varias oficinas de la Arquidiócesis – nuestra juventud y Ministerio de jóvenes adultos, de las escuelas Católicas y de Caridades Católicas.
    Usted no estuvo aquí para Katrina. ¿Se sorprendió al ver el daño que fue causado por una tormenta de Categoría 1?
    La sorpresa aquí es que un huracán de categoría 1 pueda causar este tipo de devastación. Aunque los vientos no eran tan fuertes, aparentemente la lluvia y el aumento de agua era mayor de lo que esperábamos. De lo que vi en las noticias, los resultados realmente terminaron siendo lo que esperaban los expertos. Pero en la creencia en el sistema Nueva Orlinense, siempre pensamos que no va a ser tan mal la cosa. Desafortunadamente, lo fue.
    Hay algunas áreas que se inundaron nuevamente, como pasó en Katrina. Otras áreas nunca se habían inundado, y algunos sufrieron inundaciones por primera vez en mucho tiempo.
    Conozco esto: esta experiencia – la tormenta misma y las secuelas – abre cicatrices de Katrina que no han sanado y obliga a la gente a vivir a través de lo que han vivido en el pasado. Y ahora hay un nuevo conjunto de circunstancias, que también son devastadoras. No importa cuántas personas están afectadas, ya que sea un número menor como en Isaac o un número mayor como en Katrina, cada casa es un hogar. Cada persona y cada familia son una persona y una familia. Así, que para esas personas, es su mundo, sus recuerdos, su vida, su hogar y sus posesiones que se les han perdido.
    ¿Qué ah tratado de decirle a la gente?
    He escuchado tantas historias rompe corazones, desde que se le está inundando su casa y arruinando todo hasta  la señora que subió el poste de electricidad para alejarse del crecimiento de las aguas y luego mediante el uso de una tabla para llegar a tierra. Hasta el joven que vimos en el Clarion Herald la semana pasada, que me habló de acabar en el ático con su esposa e hija. Cada historia es única. Siempre necesitamos a Dios, pero en estos tiempos difíciles, Dios debe ser nuestra fuerza. Él es la roca en quien nos afianzamos.
     Dios no envía sufrimiento al humano. Las personas se preguntan, “¿Dónde está Dios en medio de la tormenta?” Lo vi cuando fui alrededor a visitar todos estos lugares. Lo vi caminar con personas a través de las agua crecidas. Lo vi llorando con ellos, cuando ellos entraron a sus casas y vieron sus posesiones en ruinas. Ahí es dónde está Dios.
    Dios está con nosotros. El Señor Jesús está con nosotros,  llevándonos cerca a Él, llorando con nosotros y amándonos.
    Preguntas para el Arzobispo Aymond pueden enviarse a This e-mail address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. .