Obispos de EEUU: “Unidos por la libertad religiosa”

arzobispo_aymond    El Comité Administrativo de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, se juntaron para su reunión de marzo de 2012, están fuertemente unificados  y enfocados intensamente en su oposición a las diferentes amenazas a la libertad religiosa en nuestros días. En nuestro papel como obispos, abordamos este asunto con mucha oración y como pastores – preocupados no sólo con la protección de las instituciones de la Iglesia, pero con el cuidado de las almas de los fieles individuales y con el bien estar común.
    Esperamos con interés la próxima publicación de “Una Declaración sobre Libertad Religiosa,” un documento del Comité Ad Hoc para la libertad religiosa. Este documento refleja la historia de la Libertad Religiosa en nuestra  nación; encuestas la gama actual de amenazas a este principio fundacional; y establece claramente la voluntad de los obispos para actuar enérgicamente, juntos con nuestros conciudadanos, en su defensa.
Un asunto a la libertad religiosa, exige nuestra atención inmediata: la concluida ley del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos que obligaría a prácticamente todos los planes de salud privados a nivel nacional a proporcionar cobertura de esterilización y la contracepción – incluyendo fármacos abortivos: sujeto a una exención para “empleadores religiosos” que es limitar arbitrariamente y a un futuro indeterminado y dudoso “acuerdo” de otras organizaciones religiosas que se deniega la exención.
    Deseamos aclarar de lo que se trata este debate: y de lo que no. No se trata del acceso a la anticoncepción, que se encuentra en todas partes y es barato, incluso cuando no se proporciona por parte de la iglesia y con fondos de la iglesia. Esto no es sobre la libertad religiosa de Católicos solamente, sino también de quienes reconocen que sus preciadas creencias puedan ser las próximas en ser suprimidas. Esto no es sobre los obispos que de alguna manera “prohíban la contracepción,” cuando la Corte Suprema de los Estados Unidos, serró  esa moción hace dos generaciones. De hecho, esto no es acerca de que la iglesia quiera obligar a nadie a hacer algo; se trata en su lugar, que el Gobierno Federal está obligando a la iglesia — consistentemente a sus fieles y a todos y a algunas de sus instituciones, para que actúen en contra de las enseñanzas de la iglesia. Esto no es una cuestión de oposición a la atención de salud universal, que ha sido una preocupación de la Conferencia Episcopal desde 1919, prácticamente desde su fundación. Esta no es una lucha que nosotros deseamos o buscamos, sino que se nos ha impuesto por el gobierno en su propia agenda. Finalmente, esto no es un asunto  de los republicanos o demócratas, un asunto de conservadores o liberales; este es un problema de todos los estadounidenses.
    ¿De qué se trata? Una definición injustificada de la religión, de parte del gobierno. El mandato incluye una definición muy estrecha del HHS, considere un “empleador religioso” que merece la exención, los empleadores que, entre otras cosas, deben contratar y servir principalmente aquellos de su propia fe. Estamos profundamente preocupados por esta nueva definición, de quienes somos como personas de fe y lo que constituye nuestro ministerio. El gobierno no tiene ningún lugar en definir que es un ministerio religioso y la religión. El HHS así crea y aplica una nueva distinción – ajeno a nuestra tradición Católica y a la ley federal – entre nuestras casas de culto y nuestros grandes ministerios de servicio a nuestros vecinos, es decir, a los pobres, los desamparados, los enfermos, los estudiantes en nuestras escuelas y universidades y otros en necesidades, de cualquier comunidad de fe o de ninguna. Cf. Deus Caritas Est, Nº 20-33. Nosotros estamos para amar y servir al Señor; las leyes que protegen nuestra libertad para cumplir con uno de estos mandatos, pero no para cumplir con el otro, no es motivo de celebración. De hecho, ellos deben ser rechazados, para crear una “segunda clase” de ciudadanos dentro de nuestra comunidad religiosa. Y, si esta definición está permitida a permanecer, se extenderá a lo largo de la ley federal, debilitando su tradición saludable de generoso respeto a la libertad religiosa y  a la diversidad.
    Un mandato para actuar en contra de nuestras enseñanzas. La exención no es simplemente una incursión del gobierno en el control interno de la iglesia, donde el gobierno no tiene ninguna capacidad legal o autoridad. Este error en teoría tiene graves consecuencias en principio y en la práctica. Aquellos considerados por HHS que no sean empleadores religiosos se verán obligados por el gobierno a violar sus propias enseñanzas dentro de sus propias instituciones. Esto no es sólo una injusticia en sí, pero también socava la proclamación efectiva de esas enseñanzas a los fieles y al mundo. Durante décadas, los obispos han llevado la lucha contra estas incursiones del gobierno en la conciencia, especialmente en el área de la salud. La magnitud sin precedentes de esta última amenaza sólo ha fortalecido nuestra determinación para mantener esa visión coherente.
    Una violación de los derechos civiles personales. El mandato del HHS crea todavía una tercera clase, aquellos que no tienen ninguna protección de conciencia: individuos que, en su vida cotidiana, se esfuerzan constantemente para actuar de acuerdo con su fe y valores morales. Ellos también enfrentan un mandato del gobierno para ayudar en la prestación de servicios contrario a esos valores, ya sea en promover y pagar su seguro como empleadores; el pago de primas de seguro como empleados; o como asegurados por ellos mismos – sin niciquiera mostrar  una exención. Esto, también,  es sin precedentes en la legislación federal, que ha sido generosa en la protección de los derechos de las personas, no para actuar en contra de sus creencias religiosas o convicciones morales.
    Queremos indicar nuestros próximos pasos. Continuaremos nuestros vigorosos esfuerzos en la educación y promoción pública sobre los principios de libertad religiosa y su aplicación. Continuaremos aceptando cualquier invitación a dialogar con el Ejecutivo para proteger la libertad religiosa que es nuestro total derecho. Seguiremos tratando de restaurar la legislación al mismo nivel de libertad religiosa que hemos tenido hasta hace poco. Y vamos a seguir explorando nuestras opciones en los tribunales para encontrar alivio en las cortes, bajo la Constitución de los Estados Unidos y otras leyes federales que protegen la libertad religiosa. Todos estos esfuerzos se procederán al mismo tiempo y de manera que se refuercen mutuamente.
    Lo más importante de todo, es que hacemos un llamado a todos los fieles Católicos y todas las personas de fe, a lo largo de nuestro país a unirse a nosotros en oración y penitencia por nuestros dirigentes y por la completa protección de nuestra Primera Libertad – libertad religiosa – que no sólo están protegidos por las leyes y costumbres de nuestra gran nación, pero arraigados en las enseñanzas de nuestra gran tradición. Oración es la última fuente de nuestra fortaleza – sin Dios, no podemos hacer nada; pero con Dios, todas las cosas son posibles.